Crianza Saludable y Actualidad

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La maternidad/paternidad y la crianza son una oportunidad de crecimiento inigualable para los padres y madres. No sólo por la gran cantidad de aprendizajes que trae el observar y compartir con un niño(a) día a día a medida que crecen. Sino que también que por la gran cantidad de desafíos que nos pone enfrente y estimulándonos a crecer y aprender.

Los niños y niñas requieren de mucha atención y cuidados. Y cada edad tiene su desafío, por tanto ser padres requieres de mucha flexibilidad y capacidad de adaptación. Cuando ya sentimos que tenemos todo bajo control, aparece una nueva demanda y requerimos de nuevas estrategias. Pero no sólo la cantidad de tiempo que demandan los niños y la velocidad con que van cambiando dichas demandas hace de la crianza algo complejo. También ocurre algo muy especial, que por una parte es una oportunidad de crecimiento personal para los padres, pero por otro lado puede ser muy complicado y a veces difícil de reconocer. La crianza hace visible ante nuestros ojos fantasmas, temas conflictivos o no elaborados de nuestra propia historia, sobretodo de nuestra niñez. Lo complicado es que estas áreas conflictivas algunas veces son difíciles de reconocer, en tanto han pasado mucho tiempo en nuestra sombra y comúnmente son dolorosas (por algo las sacamos de la consciencia). ¿Cómo se manifiesta ello en la crianza de mi hijo hoy? Es muy probable que los aspectos de la crianza actual con mi hijo que más me cuesta manejar (y por ende se vuelven más conflictivos), justamente son aquellos relacionados con la situación de mi historia o de mi infancia que fue difícil o dolorosa y por ende quedó como un conflicto no elaborado en mi sombra.

Estos aspectos son propios de la crianza y siempre han representado un desafío para padres y madres. No obstante, la sociedad actual nos pone dificultades adicionales en la labor de crianza de nuestros hijos.

Un desafío tiene relación con que sigue estando presente en nuestra sociedad la valoración del trabajo con remuneración económica y la invizibilicación de la importancia del trabajo de crianza (muchas veces no sólo no se valora, sino que además incluso a veces se ve peyorativamente). Además, muchas mujeres se sienten exigidas de retomar pronto el trabajo fuera de casa y dejar a los niños bajo el cuidado de otros (sala cuna, niñera, familiar), esto ya sea por razones económicas o sociales. En general el sistema y la sociedad actual siguen haciendo difícil la misión de permanecer dedicadas al cuidado y educación de los hijos cuando una madre quiere optar por ello como decisión personal (o más bien familiar).

Otro aspecto a considerar es la confusión a la que se enfrentan muchas veces los padres al momento de poner en práctica algunas estrategias de crianza. Hoy contamos con nuevos saberes y se promueven visiones de crianza diferentes, que son más saludables y positivas para el desarrollo socioemocional de los niños, pero que algunas veces es difícil de incorporar a la práctica cotidiana, ya sea porque chocan con creencias anteriores (vigentes y validadas hasta hace poco) y porque no sabemos cómo instalar en la práctica estas nuevas formas de crianza, muchas veces distintas a las que hemos observado y vivido en nuestra propia historia.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros sabe que está altamente investigado y comprobado que las amenazas, descalificaciones y golpes son formas de maltrato que poseen significativas consecuencias negativas en el desarrollo de los niños. Mientras más temprana y prolongada sea la exposición a malos tratos, mayores consecuencias negativas para el desarrollo emocional e incluso para la madurez de importantes áreas del cerebro del niño. No obstante, en muchos hogares en Chile y el mundo se sigue considerando una estrategia aceptada el uso de golpes para educar. De alguna manera sabemos que está mal, pero lo seguimos haciendo. ¿Por qué? Muchas veces eso es lo que hemos aprendido, es lo que hemos visto y nos resulta difícil hacer algo diferente. Pero la historia puede y debe cambiar. Es un deber con nuestros niños y con nuestra sociedad.

Entonces la pregunta es ¿Qué queremos promover en nuestros hijos con nuestro estilo de crianza? Si queremos promover un desarrollo sano, vínculos cercanos con los padres y climas familiares armónicos debemos repensar desde que mirada y de qué manera queremos criar. Para practicar una crianza saludable necesitamos a padres que valores a sus hijos, que conozcan las características y desafíos propios de su edad, que sean capaces de ver sus necesidades y responder de manera oportuna y atingente. Estos son los fundamentos para una disciplina sensible y positiva. Acompañar, contener y co-regular las emociones son las claves.

 

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